Frente a temas de delegación de alguna o algunas de nuestras tareas; como puede ser las entrevistas en procesos de entrada, podemos tener la creencia de que nuestros colaboradores verán las cosas de manera parecida a como las solemos ver nosotros; que sólo les basta algunas indicaciones generales, que en realidad no habrá mucha dificultad para hacerlas, que solo tienen que empezar; pues cuando nosotros hemos asumido estas tareas, las hemos manejado de manera ágil e incluso nos pareció algo simple y que las podríamos hacer con los ojos cerrados. Así, podemos creer que, estos temas delegados, serán fáciles de manejar y obvios para todos, que no se necesita dar abundar en explicaciones.
No es obvio si surge alguna pregunta luego de que se le haya dado una explicación o indicaciones; no importa lo bien que creas haberlas explicado. Estas preguntas “obvias” son especialmente importantes, mucho más cuando más elementales nos parezcan: Cómo hago para arrancar este auto, cómo apago esta Tablet, cómo inicio este trámite, cómo se usa este encendedor, por dónde se abre la tapa del combustible, qué es una competencia.
Presta mucha atención cuando en el equipo no aparece de vez en cuando alguna pregunta elemental; puede significar que: tu equipo está totalmente capacitado para la rutina y se maneja con autonomía, o puede que nadie quiera exponerse a alguna sanción, gesto o mirada de desaprobación, y que seguramente evitarán recibir la famosa respuesta “no es obvio” o quizá una exhalación corta como un “ush”, a manera de frustración o crítica.
Cuando se está a cargo de algún proceso, donde se requiere delegar parte del mismo, te habrás dado cuenta que no siempre se logra el resultado que nosotros mismos hubiésemos logrado. Qué pasa cuando lo que queremos delegar tiene que ver con clientes externos o candidatos que queremos atraer, y precisamente delegamos este primer contacto, cuando pedimos que se filtren currículos o se realice la entrevista de entrada… Evitar el “ush”, lleva a que la persona que asumirá esa tarea solo lo que tenga a mano: su sentido común, su experiencia y su criterio; y tomará la decisión de dar entrada o cerrar la puerta a los candidatos de acuerdo a como los pueda valorar (aquí aparecen temas para un artículo adicional respecto a sesgos o contaminaciones en la entrevista laboral).
Muchas veces el entrevistador asignado, no es consciente de que él/ella también es una persona y tiene su propio perfil, creencias, gustos y distorsiones. El entrenamiento para el entrevistador debe permitirle entenderse a sí mismo, a diferenciar lo que quiere-siente-gusta-rechaza, frente a comprender qué se necesita para cubrir el rol-puesto-equipo-organización.
Aquí la importancia de escuchar las preguntas obvias, de explorar con qué habilidades-recursos-oportunidades de desarrollo presentan los colaboradores a los que vamos a delegar alguna tarea. En el tema del manejo de entrevista, hay que asegurar que se entienda que es un espacio para conocer del candidato y que este conozca la organización a través del entrevistador.
No hay pregunta mala o impertinente, en general todas las preguntas tienen su valor, sólo que algunas no brindan la información que se busca, no están adecuadamente formuladas o no guarda relación con el tema: ¿el candidato tiene el perfil, puede aportar, se adaptará o aportará al equipo?
Un tema importante es hacer entender, a quien pongamos al frente de las entrevistas de entrada, que Él o Ella será la imagen de la organización y de la cultura, que debe saber transmitir el mensaje de valoración, que es un momento de valorar objetivamente las capacidades y competencias de los candidatos, así como lograr una administración del proceso y también tener objetividad en calificaciones; sin afectar el proceso con prejuicios, preferencias particulares, la presión del momento, y manteniendo una escucha atenta y empática. Que no se improvise y más bien tenga la preparación y la confianza en sí mismo.
Y para los que estamos en rol de candidatos, postulantes, como invitados a algún proceso… incluso como presidenciables; debemos entender, que nosotros somos dueños de nuestra respuesta, no de las preguntas que nos formulen. Responde como tú quieras hacerlo, con responsabilidad.
Psic. Orlando G. Cruz Neyra
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