El ruido a mi alrededor ¿Cuánto silencio puedes administrar?
Aprendizaje

El ruido a mi alrededor ¿Cuánto silencio puedes administrar?

24 de septiembre de 2026

Recuerdo que algunos profesores, en nuestra etapa escolar, solían decir “guarden silencio” cuando querían que dejemos de hablar muy fuerte y que quedemos en silencio de inmediato. Lo cierto es que al final, el barullo iba menguando. No me parecía una mala frase, puesto que lograba el propósito que quería, aunque fuera, en la práctica, una imposición. “Ponte en silencio”, no era una invitación y mucho menos propiciaba la reflexión para que los alumnos tomásemos consciencia de que en todo momento podríamos evaluar el contexto, la tonalidad, el volumen o el contenido de lo que queríamos decir.

Seguro que muchos, muchísimos, hemos aprendido a controlar el volumen y tono de voz con el que nos expresamos; entendiendo, que hay comportamientos aceptados o rechazados. Aprendimos que no podemos emplear un lenguaje informal en un ambiente formal, que no debemos hablar palabrotas en un templo, o gritar en medio de una obra de teatro y menos en la ópera. Eso está bien, es respetar la cultura social, el convencionalismo, las tradiciones; de lo contrario seguramente sentiremos la sanción o el juicio social. Claro que también habrá a quienes esto del juicio social les tiene sin cuidado; ellos gritarán, harán pataletas o querrán salirse con la suya por el solo hecho de que así ha sido siempre (siempre en el sentido de que recurrentemente han logrado salirse con la suya, evadir la sanción o no haber sido evidenciados).

¿Cuánto silencio puedes generar?

Recuerdo una película de comedia llamada “Mil palabras”, donde el protagonista entiende que sólo le quedan cerca de mil palabras por decir, que de alguna manera son la misma cantidad de hojas que le quedan a un árbol, y cuando las pronuncie las irá perdiendo; son las únicas que puede decir antes de que acabe su vida. El protagonista empieza a comprender la importancia de elegir qué decir, cómo hacerse entender mejor y a quién decírselas; también aprende otras formas de decir las cosas sin hablar, además de que en el proceso se vuelve un mejor oyente, con interés en entender qué le quieren decir.

Tampoco se trata de NO decir, ni que debamos hablar tipo telegrama o como una aplicación que nos restringe a emplear tan solo diez palabras por texto. Aquí lo importante es entender lo que debemos o no debemos comunicar, si lo que decimos es o no importante, si aportamos de manera constructiva, si sólo hacemos ruido o sólo habla nuestro ego.

Identificar lo que se quiere decir

Kohlberg (*) a través de su obra Psicología del Desarrollo Moral, plantea que no son las normas aprendidas por repetición lo que desarrolla la moralidad, o el análisis que se puede hacer acerca de los hechos y sus implicancias. Señala que el individuo es un "constructor" de su propia moral; piensa, analiza dilemas, se equivoca y evoluciona a medida que intenta dar sentido a los conflictos sociales que vive. Menciona que se puede superar la perspectiva de la evaluación egocéntrica (lo más importante es lo bueno para mi), superar la identidad con la tribu o afiliación que tenemos (nuestro partido, empresa, generación, color, ubicación o posición), para tener una visión moral con visión o entendimiento del todo y del fin supremo que es la humanidad o equivalente universal.

* Kohlberg: Estadios del Desarrollo Moral

1er Nivel Preconvencional (Típico en niños) En este nivel, el juicio moral se basa exclusivamente en las consecuencias directas que tienen las acciones sobre uno mismo (premios, castigos o intereses personales). No hay una comprensión real de las normas sociales. Etapa 1 (Actúo bien únicamente para evitar que me castiguen los que tienen el poder) y Etapa 2 (Hago algo por ti solo si tú haces algo por mí a cambio).

2do Nivel Convencional (Típico de adolescentes y la mayoría de adultos) Aquí, las acciones se juzgan en función de las expectativas de la sociedad, las leyes y el deseo de encajar o mantener el orden social. Etapa 3 (Me porto bien para encajar, ser aceptado y agradar a mi entorno cercano) y Etapa 4 (Cumplo las leyes estrictamente porque son las que mantienen el orden en la sociedad).

3er Nivel Posconvencional (Alcanzado solo por una minoría de adultos) En el nivel más alto, el juicio moral va más allá de las leyes de una sociedad específica. Se basa en principios abstractos de justicia y derechos humanos que pueden, incluso, entrar en conflicto con las leyes vigentes. Etapa 5 (Respeto las leyes del grupo, pero entiendo que deben cambiarse si no protegen los derechos de todos) y Etapa 6 (Sigo mi propia conciencia ética basada en la justicia y la dignidad humana, incluso si eso significa desobedecer la ley).

Aunque, Kohlberg también afirma que esta evolución (llegar al 3er Nivel Posconvencional, Etapas 5 y 6), no es algo natural que simplemente viene con los años, como las arrugas o las canas.

Para reflexionar:

Hay una frase que parafrasea a Jorge Luis Borges, que resume de una manera más cruda y realista esto último: "Con la edad viene la sabiduría... pero a veces la edad viene sola"

Para alcanzar los Niveles 5 y 6, es necesario reflexionar antes, durante y después del conflicto, superar la idea de que sólo basta que sea bueno para uno mismo o para el grupo afín, evaluar y confrontar algunas ideas y tradiciones, si estas nos atan y no nos dejan cumplir con nuestra conciencia sobre la dignidad humana.

Saca todo el silencio que puedas

A manera de ejercicio, cuando te hablen intenta escuchar hasta el final, escucha de manera activa identificando qué es lo que te dicen y qué es lo que te quieren decir. Escucha tu barullo interior, identifica tus conflictos o percepciones, evalúa a qué nivel de desarrollo moral pertenece tu juicio (sin echarte la culpa o castigarte). Libérate, sólo cuando eres consciente de lo que está pasando contigo hoy, lo puedes reevaluar y tomar una nueva decisión al respecto, más tarde o mañana.

Psic. Orlando G. Cruz Neyra

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