El Clima en las organizaciones
El clima laboral, conocido también como el ecosistema en que trabajamos, se mide a partir de la ponderación de la percepción que tienen los trabajadores respecto a cómo se sienten trabajando en ese medio. En esta interacción Trabajador-Medio, se presentan diferentes variables o fuerzas, algunas básicas, de soporte o llamadas higiénicas, como por ejemplo el salario, los espacios de trabajo, algunas herramientas indispensables, lo que nos indica que contamos con lo necesario para cumplir objetivos y poder mantenernos seguros (pagar cuentas, alimentos y lo que conlleve la carga familiar o estilo de vida). Por otro lado, están las variables que nos hacen sentirnos queridos, afiliados y nos motiva a brindar nuestro mayor esfuerzo, donde percibimos que nos valoran y aprecian, por ejemplo, saber que se valora nuestra opinión, tener un líder que oriente y sea admirable, saber que se tiene un plan para nosotros, que se mantiene principio de coherencia con la visión, misión y valores, entre otros.
El termómetro
El clima se mide empleando una escala de percepción; entendiendo qué buscamos cuantificar, qué es lo que sienten los colaboradores que trabajan con nosotros, para esto se emplea el instrumento llamado escala Likert, que le proporciona al propio colaborador la posibilidad de ubicar su sentimiento, afecto, dolor, o lo que percibe, dentro de un rango escalonado. En la práctica médica se suele preguntar al paciente: “Del 1 al 10, ¿cuánto dolor siente?, donde 1 es nada o casi nada y 10 es insoportable o extremadamente doloroso”. El paciente es el único que puede identificar cuanto dolor siente y cuanto dolor puede soportar; luego, el médico hará algunos exámenes físicos o preguntará más detalles para identificar si requiere algún analgésico y en qué dosis. Los cuestionarios o encuestas de clima laboral, suelen emplear una escala Likert natural que va del 1 al 5, o escala Likert forzada que emplea alternativas en números pares de 1 a 4 o de 1 a 6, donde se plantean alternativas que regularmente señala que el número 1 es: Nada o Casi nada y el número mayor es: Siempre o Casi siempre
Las preguntas deben ser claras, en modo afirmativo, referentes a una variable en particular, lo que le ayudará al Colaborador o informante a saber de qué se trata y cómo responder; en el sentido de poder autoexplorarse y “graduar su dolor”
Ejemplo:
Mi jefe, me establece objetivos claros, precisos, acorde a mis capacidades y experiencia
1 | 2 | 3 | 4 | 5 |
Nunca | Pocas veces | A veces SI /NO | Muchas veces | Siempre |
La percepción
La percepción es la forma en que las personas interpretamos lo que vemos o vivimos; depende de lo que hemos aprendido o experimentado previamente; así, frente a un mismo acontecimiento, habrá personas a las que les resulte agradable y a quienes les resulte desagradable. Por lo que la percepción es una experiencia individual, con cierta carga emocional, pero confiable en la medida que las personas normalmente mantienen sus preferencias o rechazos por amplios períodos de tiempo. Para cambiar una percepción se debe intervenir tanto en la manera cómo evaluamos (conocimientos, identificar cuál fue el momento o emoción asociada, entre otros), como también rediseñando el entorno (colores, espacios, comunicación, y otros).
Kamongos y Castores
Ahora conocemos qué es el clima, pero quiénes lo producen, quiénes lo conservan y quiénes lo transforman?
El Kamongo es uno de esos casos raros entre las especies, es un pez pulmonado; es decir respira “tragando” aire y emplea sus branquias principalmente para expulsar el CO2 como residuo de la respiración. Lo más sorprendente del Kamongo es que en los períodos de sequía, entre junio y octubre en su hábitat natural en África, entra en un estado de estivación (que es como la hibernación, pero en temporada veraniega), aprovecha los últimos charcos de lodo para enterrarse y formar una cápsula a su alrededor, segregando una densa capa de mucosidad que le permiten mantener la humedad, dejando un orificio por el que continúa respirando, reduciendo drásticamente su metabolismo. Se refugia y se aísla del entorno hostil para protegerse. El clima queda fuera, su defensa es aislarse; esperando que vuelvan mejores tiempos. Su estado de estivación puede prolongarse hasta por cuatro años, de ser necesario.
El Kamongo, es resistente y un icono de sobrevivencia. No se hace cargo del clima, sólo lo mantiene. No protesta ni genera propuesta, va silencioso y solo espera que regrese el buen tiempo, dependiendo de las circunstancias.
El Castor, seguramente es mucho más conocido que el Kamongo, es un mamífero, roedor semiacuático, capaz de afectar el ecosistema donde habita para adaptarlo a sus necesidades al construir represas con impacto hidrobiológico. Roen árboles de manera intencionada para bloquear arroyos y ríos pequeños, formando estanques que le brinden mejores condiciones para ellos: para defenderse de depredadores evitando que lleguen a la entrada de su madriguera, también para disponer de un medio más rápido y eficiente para transportar materiales o trasladarse hasta sus alimentos, crean una profundidad en su estanque que previene que obstruyan o se congele las entradas y salidas de su refugio. Su estanque también cambia el paisaje y condiciones para los demás habitantes del ecosistema; actúa para mejorar las condiciones, para su bienestar.
Los castores, interactúan, trabajan en equipo, están alerta para aprovechar el entorno para transformarlo. Son los que generan espacios, haciendo cambios en el entorno para bien de ellos pero que también benefician a otros animales y plantas; lo que también cambia el clima
De la medición de clima a la generación de clima
El Kamongo está gritando, “Yo mejor no me meto en problemas”, por lo que se aísla y sólo espera que las condiciones sean más estables por sí solas. No habla, no opina, no coordina, es únicamente receptivo, no genera tensión, sólo cumple la expectativa mínima de asegurar la continuidad de la especie, protegiéndose. Si no quieres confrontación, debate o sólo se quiere mantener creencias o modos… incentivemos a que haya más Kamongos, poniendo esas condiciones de sequía, con la creencia que nada se puede cambiar, que así es porque así es.
No es malo ser Kamongo, asegura la continuidad de la cultura por sí solos; esté como esté. Pero para lograr acercarnos a ser Castor, necesitamos incentivar una comunicación más abierta, asertiva; con una escucha activa y desarrollar la cultura de la valoración del feedback.
Dale retos al castor, empodéralo, escucha sus propuestas, pídele que también se asocie con otros castores. Pídele que evalúe qué le gustaría cambiar y cómo eso puede beneficiar a los demás miembros del ecosistema. Verás que el clima cambia pues literalmente los castores cambian el clima. Aprovecha su interés por buscar un ecosistema más beneficioso para sí, orientándolo para que sea beneficios para todos.
Psic. Orlando G. Cruz Neyra
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